Fueron seis días de mucho trabajo. Imagine cuanta creatividad demos tró Dios al traer a la existencia a cada especie, cada sonido, cada olor, cada matiz de color, cada ley que rige la vida… Como por él se formó el mundo, este mundo tendría que estar en frecuente contacto con él para continuar existiendo. Por eso, el sábado fue establecido como memorial de la vida y tiempo de reconexión con la fuente de esta.
Pero, ¿qué tiene que ver el sábado edénico con la familia? Todo. En el Edén se estableció la primera fami lia, que representa el tipo de relación que Dios quería mantener con sus criaturas; una relación de amor, convivencia y unión de propósitos.
Al recordarnos la necesidad que tenemos de estar en la presencia de Dios, el sábado nos enseña, también, que la familia no sobrevive sin tiempo de calidad y contacto personal. Con prioridades engañosas, la sociedad, hoy, permite que la rutina se devore el tiempo que debería ser dedicado a las cosas fundamentales. Por el trabajo y los compromisos, por la ganancia de tener y ser, la familia es sacrificada.
Ella es la base de todo! Amedida que la familia se despedaza, crecen los males sociales. ¡No es de extra ñar! ¿Cómo puede haber ética, respeto y empatía si eso no fue aprendido en el ho gar?
¿Cómo tener salud y dignidad si, des de pequeños, se ignora la temperancia y la disciplina? ¿Cómo esperar la sanidad de los adultos si los niños crecen llenos de traumas y complejos causados por una familia des estructurada? No puede haber equilibrio en un mundo cuyo cimiento está en ruinas.
Nuestro tiempo de mayor calidad debe ser dedicado a la familia; el resto puede esperar. La pareja necesita pasar horas en diálo go saludable. Debe reservarse el tiempo recreación, de intimidad, de su desarrollo físico, espiritual e intelectual.
Deben buscar siempre sorprender al otro, y recordar el motivo por el cual se enamoraron. Los padres deben encarar la educación de los hijos como una misión prioritaria e in transferible. Deben enseñarles moral, ciudadanía y temor a Dios con su propio ejemplo, y eso solo será posible si dedican tiempo para el diálogo y actividades en familia.
Estos tienen que ser hábitos diarios. Pero, practicarlos en las horas de sábado hace que estos momentos sean aún más especia les, pues, como día separado para la comunión con Dios, termina uniendo a la familia en un propósito espiritual.
De las palabras a la práctica
• Desarrolle el hábito de tener conversa ciones divertidas con su familia, sin cargos ni críticas, sin celulares, televisores o computadoras (escóndalos en esos momentos).
Las reflexiones en la mesa son excelentes oportunidades para eso.
• Planeen actividades para realizar jun tos con frecuencia, y establezcan metas a seguir.
Puede ser la práctica de una actividad física, la lectura de un libro, el armado de un rompecabezas, la participación en un proyecto social… Pero no vuelva eso en una obligación rigurosa; la idea es que sea un momento de hacer cable a tierra, relajación y aprendizaje, y no una carga.
• No deje de hacer el culto familiar.
Es un momento muy propicio para aprender so bre amor, principios, valores, y reforzar la esperanza de vivir, en familia, con Cristo.