Aun siendo advertidos por Dios sobre el castigo que caería sobre toda su familia por causa de la rebeldía de sus hijos, Elí no cambió de actitud. La historia, narrada en 1 Samuel 2:12 a 4:22, muestra las conse cuencias dramáticas que los acompañaron por generaciones. Pero, si las reprensiones de Elí no fueron suficientes para educar a sus hijos, ¿qué lo sería?
La disciplina, en la educación de los hijos va mucho más allá del diálogo. Apesar de ser fundamental, este debe ir acompañado de lecciones prácticas, para que los niños asimilen mejor lo aprendido. Es necesario mostrarles que sus errores tienen efectos negativos, y eso debe ser enseñado por medio de restricciones, castigos y hasta castigos fí sicos.
“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Prov. 13:24). Es importante resaltar que el castigo físi co debe ser proporcional a la capacidad del niño de superarlo y entenderlo. Abusar de la fuerza es otro extremo que, en vez de ense ñar lecciones, incita la rabia y el sentimiento de injusticia.
Por eso, el castigo físico debe ser ejercido cuando el padre/madre esté en pleno control de sus emociones. De la misma forma que la reprensión, la recompensa necesita ser usada como un recurso de la disciplina. Si un castigo muestra al hijo lo que no debe hacerse, un “premio” le enseña donde está correcto, y lo incentiva a continuar en la conducta correcta.
Los padres deben dar mucha atención a esos detalles, pues es por la disciplina que se forma el carácter. Es por medio de ella que los hijos asimilan principios y valores como la pun tualidad, el aseo y la organización, la honestidad, la lealtad, la empatía, el autocontrol, la resiliencia, la disposición para el trabajo, el respeto, la dignidad y el amor a Dios. En todo caso, una cosa es cierta: les corresponde a los padres la responsabilidad prio ritaria e intransferible de disciplinar a los hijos.
Y si estos demuestran rebeldía, cier tamente los padres han fallado en posicio narse como tales. Es muy común interpretar el quinto mandamiento como una directriz para los hijos. Pero “honrar al padre y a la madre” presupone que estos ocupan una posición de autoridad que implica una pos tura activa, y no pasiva.
Osea, el manda miento también ordena a los padres exigir de los hijos el debido respeto y obediencia. Los padres son la figura representante de Dios durante la formación del carácter del niño. Por lo tanto, al enseñarles a prestarles la debida obediencia, están garantizando que, en el futuro, sea una persona que honre y tema a Dios.
De las palabras a la práctica
• Dedique un culto familiar al tema de la disciplina.
Juntos, lean Hebreos 12:5-11.
Fundamentándose en el ejemplo del amor de Dios por los seres humanos, demostrado por medio de la disciplina, estimule a sus hijos a reflejar y a expresar cuanto se sienten amados al recibir la debida corrección por sus actos.
• Desarrolle el hábito de, al reprender a los hijos, dialogar con ellos explicando el moti vo por el cual están siendo disciplinados y, juntos, extraigan lecciones prácticas de la situación.
El castigo sin diálogo y aprendizaje no es más que mera tiranía.