E n el libro de Efesios, especialmente en los capítulos 5 y 6, Dios, por medio del apóstol Pablo, traza un perfil deseado para padres e hijos en sus rela ciones. Sabiamente, los primeros consejos son para que el hombre y la mujer se amen en la misma medida en que Cristo ama a su iglesia, o sea, de la misma forma como Cristo ama a las personas por las cuales murió para ofrecerles salvación y gracia. Es interesante porque, entre los versículos 23 a 33, queda claro que ese relacionamiento entre hombre y mujer debe ser de respeto mutuo, profundo cuidado y celo.
La familia necesita ser preservada y esa prevención tiene base en la dimensión espiritual. No basta con que el hombre y la mujer se pre ocupen con la estabilidad financiera, la co modidad, la formación académica u otros aspectos que, a pesar de ser importantes, no son esenciales en la manutención de una familia bien ajustada y equilibrada. La preocupación espiritual debe ser la primera y la principal, no eventual.
En el trato con los hijos, el capítulo 6 también da orientaciones importantísimas. Hay elementos allí, poco populares hoy, pero que siempre tuvieron un papel importantí simo en la educación como la disciplina y la amonestación, u orientación para ser más simples. Niños, adolescentes y jóvenes ne cesitan ser educados, ayudados, apoyados, orientados, direccionados.
Los extremos que se presentan hoy son perjudiciales. La actitud no comprometida de algunos pa dres, absolutamente irresponsables, que no se preocupan por el tipo de vida y valores que sus hijos poseen o dejan de poseer, es una amenaza. Por otro lado, los padres autoritarios, despiadados, duros y violentos no representan tampoco el ideal bíblico des crito por Pablo.
Distorsionan la imagen de Dios delante de los hijos de forma tal que comprometan la capacidad de ellos de ver, en el futuro, quién realmente es el Padre de amor. La restauración de la familia no es un hecho que depende del liderazgo de una iglesia, una escuela o un gobierno. Nada de eso.
Depende prioritariamente de cada padre e hijo. Y en el ambiente de la familia, depende de Dios y de sus principios, que se dé la restauración que Dios espera. El Se ñor quiere restaurar a las familias a lo que fue, un día, el plan original trazado por él para la felicidad humana. ¡No se engañe!
La familia es un medio creado por Dios para que las personas sean felices. Seguir los principios bíblicos es el medio para que eso ocurra.