E l romanticismo en el matrimonio puede ser visto de dos maneras dis tintas: como en una producción ci nematográfica en la cual el hombre corteja a una mujer todo el tiempo y la sorprende todos los días con demostraciones de afecto increíbles. Salir corriendo para comprar una flor antes que ella llegue a casa, hacer una cena especial memorable, etc. O, volviendo a la realidad, es el tipo de acción constante hecha para mantener los lazos afectivos fuertes y consistentes.
La amenaza de la igualdad en el matrimonio y la rutina aburrida, que desgasta la relación, es real para todas las personas que conviven juntas por cierto periodo de tiempo. Y, en algunos casos, eso puede ser motivo de la separación y el divorcio. Además, los datos estadísticos no son animadores.
El sitio Hopes and fears hizo un releva miento y constató el tiempo medio de duración de los matrimonios en algunas ciudades del mundo. En Roma, por ejemplo, el tiempo llegó a 18 años, con una tasa media de divorcio en la casa del 30,7%. En Ottawa, capital de Canadá, el tiempo fue de 13,8 años y la tasa media de divorcio es del 48%.
Después surgen ciudades como París, Nueva York, Sídney, Ciudad de México, Tokio, Londres y otras. Independientemente de las causas que puedan estar relacionadas a ese fenómeno, que ven desde la facilidad en varias ciudades para lograr el divorcio efectivo hasta las causas económicas de la vida de la pareja, el hecho es que allí, en la mayoría de los casos (hablando empíricamente claro), hay siempre un ingrediente de desgaste. El cultivo de valores y prácticas dentro del casamiento puede ser un antídoto impor tante contra el mal del desgaste.
La rutina es el ambiente en que todos los matrimonios entran, por eso puede no ser en sí mismo necesariamente un mal. Lo que se hace a partir de esa constatación es lo que probablemente hará la diferencia para el marido y su mujer. Hay cuestiones importantes que deben ser tenidas en cuenta y podríamos resumirlas en tres (hay otras).
Pero esas tres sintetizan, de cierta manera, dónde puede estar la raíz del problema del desgaste en la rutina. Falta de diálogo La comunicación deficiente o inexistente en el matrimonio, por un prolongado pe riodo de tiempo, es generalmente el factor desencadenante del comienzo del desgaste. La pareja que se deja de hablar por orgu llo, vanidad, egoísmo, o cualquier otra razón puede estar dando el primer paso para que la rutina se vuelva altamente perjudicial para la supervivencia de la relación.
Falta de atención El desprecio por la opinión, por la realidad del otro, la incapacidad de interesarse por aquello que el otro hace, dice o demuestra es una amenaza segura también. No solo se trata de crear momentos increíbles para una cena a la luz de las velas. Se trata de una charla, tal vez alguna cena afuera, es más que la comida cara o un programa diferente, la pareja debe aprender a escucharse y a interesarse más por las cosas del otro.
Falta de gestos de cariño La convivencia diaria mecánica, fría y hasta formal elimina el deseo de sorprender, no necesariamente con regalos comprados a mucho costo, sino con gestos de cariño. Es el toque con sensibilidad en las horas de alegría y de dolor, pero es, también, la palabra correcta, blanda, en la hora de angustia y agonía. Es el silencio oportuno cuando más se necesita la reflexión interna.
Eso puede sonar como cariño también. No hay problemas en llevar flores, un regalo creativo, pero también el cariño puede venir en la forma de ayuda a los hijos, de apoyo en una tarea doméstica, etc.
De las palabras a la práctica
• La pareja puede establecer una agenda regular (semanal, quincenal o mensual) para paseos y programas solo para ellos dos.
• La pareja puede leer el capítulo 31 titulado “Seguridad mediante el amor” del libro Fundamentos del hogar cristiano.