O s conflictos nunca estuvieron en la agenda de Dios, en el cielo, como algo agradable y que el Señor viese como ideal para sus criaturas. Por el contrario, pues bíblicamente los conflictos pasaron a ser una realidad cuando Lucifer, uno de los ángeles de Dios, decidió confrontar al Creador y, en la cúspide de su orgullo, criticó a Dios, su carácter y se posicionó en contra de lo que había sido establecido. Nació allí el pecado y, por consecuencia, el conflicto.
En el ámbito humano, el conflicto se de sarrolla constantemente entre las personas que no están de acuerdo unas con otras, difieren y, en algunos casos extremos, has ta se vuelven agresivas y ofensivas unas con otras. En la familia, sea entre el marido y la esposa o entre padres e hijos, los conflictos son parte de la realidad. Y, en muchos ca sos, hasta se vuelven oportunidades para un cambio de actitud y comportamiento.
Algunas características marcan los con flictos en la familia y, para que haya una solución, esas características necesitan ser observadas y trabajadas. Silencio y angustia Las angustias alimentadas por la madre, el padre o el hijo, no resueltas, no discutidas, ni enfrentadas con franqueza, se convierten en una especie de tumores escondidos que van destruyendo a las personas lentamente, a lo largo del tiempo. Y, en ese contexto, el silencio es altamente perjudicial, pues impide el proceso de diálogo y la búsqueda de una solución.
Falta de empatía La incapacidad de una persona de po nerse en el lugar de otra, o sea, de ejercer empatía, es fatal en una familia. Los con flictos son diarios y, muchas veces, ocasionados por detalles y situaciones de pequeñas proporciones. Intentar entender por qué razón el otro actuó de una determinada manera o intentar, al menos, imaginar lo que pasa por la mente del otro es un paso esencial en la resolución de conflictos.
Capacidad de escuchar Escuchar es un ejercicio mucho más im portante de lo que se imagina. No se resu me en escuchar al otro de forma desintere sada, sino a realmente valorar aquello que se está diciendo. En la familia, eso adquiere un carácter aún más valioso, pues, muchas veces, la falta de control de las emociones lleva al padre, madre o hijos a actos impensados y, por eso, uno de los lados necesita mantener el equilibrio escuchando más que hablando.
La discusión en tono agresivo jamás lleva a una solución pacífica. Por el contrario, acostumbra a agravar más el es cenario ya complejo.
De las palabras a la práctica
• Haga una prueba.
Experimente dar el primer paso para resolver un conflicto familiar.
Sea el primero en escuchar, en intentar pensar en cómo se siente el otro sobre una determinada situación y haga algo práctico.
• En familia, lea el capítulo 30 titulado “Compañerismo de la familia” del libro Fundamentos del hogar cristiano.