La comunicación no se limita, y es importante comprender eso, a que alguien emita un mensaje y el otro supuestamente reciba ese mensaje y lo decodifique (esto es, asi milarlo). En el matrimonio, esa máxima se vuelve aún más real. La comunicación tiene mucho más que ver con la relación entre las personas que se expresan en diálogos y actitudes que permiten a las dos personas comunicarse adecuadamente para resolver sus dilemas y desafíos.
Por esta razón, el texto de Efesios hace que todo tenga sentido. No se puede hablar de comunicación eficiente para una pareja en cuanto el resentimiento sea fuerte y vivo entre las dos personas que decidieron formar una familia. La comunicación entre la pareja y, por consecuencia, con los hijos, debe partir de un hogar en el que las angustias no sean consideradas normales o comunes.
La ira puede surgir, porque existe tensión todos los días, pero el sol no puede ponerse sin que esto se resuelva o incluso se convierta en un diálogo sincero entre las personas de la familia. La comunicación de calidad en el hogar significa, por lo tanto, dejar las angustias de lado y superarlas. Pero un paso importantísimo, que incluso viene antes, es la necesidad de que haya una comunicación sincera y real con Dios, el originador de la familia.
Aquel que unió a la pareja y permitió que fuesen uno para servirlo y servir a las per sonas debe ser buscado con todo el fervor y dedicación por cada persona. Evidentemente, la comunicación en la fa milia incluirá otros aspectos que contribuirán para que las personas no solo conversen, sino que también ese diálogo resulte en una relación mejor, más respetuoso, menos egoísta y más de acuerdo con los principios bíblicos. Vale resaltar la necesidad del hombre y de la mujer de considerar los sentimientos y las necesidades unos de los otros.
Sin que uno desee ejercer el dominio y dificultar la comunicación, en momentos de crisis o aun en las horas agradables. Cuando se trata de asun tos difíciles, la capacidad de colocarse en el lugar del otro (empatía) es esencial y la pa ciencia debe ser ejercida de forma práctica. Yobviamente todo eso funcionará si se dedica tiempo a esa conversación.
Tiempo sin interrupciones, sin distracciones, sin desviarse a otros temas diarios. Lo ideal es que allí, entre hombre y mujer, o entre padres e hijos, no haya falta de tiempo, dar momento para ese diálogo, para esa comunicación efectiva.
De las palabras a la práctica
• Cree, en casa, el momento de la charla sincera o la charla abierta y anime a todos a hablar más sobre los puntos positivos y negativos del día.
Puede ser antes del almuerzo, la cena o el desayuno.
• La pareja puede leer el capítulo 16 titulado “Compañerismo feliz” del libro Fundamentos del hogar cristiano.