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Bienvenido: Hogar y Familia · Lección 2

Curando heridas

Aprende a reconocer las heridas, recibir el perdón de Dios y construir relaciones familiares libres de resentimiento.

En esta lección
  • Perdonar no niega el daño, pero libera de la venganza y la amargura.
  • El perdón recibido de Dios inspira el perdón hacia otros.
  • La confesión y la oración abren caminos de sanidad.
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Página 11

Curando heridas Se cuenta que en Madrid un padre deseaba reconciliarse con su hijo que había salido de casa después de una discusión sin dar noticias. Decidió poner un anuncio en un periódico, que decía: “Paco, si me perdonas, te pido que te encuentres conmigo en la plaza en frente de la estación, mañana al mediodía. Tu padre”.

En el día y horario establecidos había 800 muchachos llamados Paco, ¡todos ellos intentado reconstruir relaciones rotas con sus padres! Muchos de nosotros vivimos con heridas profundas que nos aprisionan y parece que no tienen solución. Necesitamos libertad, pero, ¿dónde podemos encontrarla?

¿Cómo podemos enfrentar las heridas que nos causan? (1Pedro 4:8)

Jesús contó una parábola (Mateo 18:21-34) que ilustra qué es el perdón.

¿Qué lecciones prácticas podemos extraer? a. Quien no comprende el perdón que Dios concede, nunca aprenderá a perdonar.

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b. La clave para el verdadero perdón es dejar de concentrarse en lo que otros nos hicieron y comenzar entonces a mirar aquello que Dios hizo y hace por nosotros. c. Cuando no perdonamos, por más perjuicios que se pueda tener, el mayor perjuicio es vivir mal consigo mismo y con sus sentimientos. d.

El perdón exige un precio. El perdón lleva tiempo y trabajo. Perdonar involucra reconocer y lidiar con la forma en que usted fue herido, optar por no vengarse — o hacer sufrir a la otra persona— así como abandonar su propia ira.

Abandonar no significa que usted olvidó, sino que eso lo libera para ser curado. “El perdón es un recurso psicológico y social que regula las relaciones humanas” (John Berecz). No perdonar es mantener el papel de víctima, lo que no permite el crecimiento.

Es vivir todo el tiempo con ira, herida, rencor, porque mantiene una situación del pasado, que ejerce influencia sobre el presente y compromete el futuro.

Su familia y Dios

¿Cómo era la Tierra cuando salió de las manos del Creador? (Génesis 1:31)

¿Cómo quedó después del pecado? (Génesis 3:16-19)

¿Qué otra consecuencia trajo el pecado? (Romanos 6:23)

El primer pecado consistió en la desobediencia a Dios, que ocurrió cuando Adán y Eva estaban lejos el uno del otro (Génesis 3:1).

El distanciamiento de la pareja también provocó acusaciones (Génesis 3:12). Cuanto más cerca estén uno del otro, mejor sabrá enfrentar las dificultades la pareja. ¿Qué era necesario para restaurar el desequilibrio generado por el pecado? (Mateos 26:28)

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¿Qué podemos hacer por los demás? (Lucas 6:37)

Al perdonar a los demás experimentamos la libertad del perdón divino en nuestras vidas.

Una vez perdonados, ¿cómo debe ser nuestra vida? (1 Corintios 5:17)

La culpa es extremadamente destructiva.

Necesitamos perdonarnos a nosotros mismos en nuestras vidas. ¡En Cristo tenemos la oportunidad de un nuevo comienzo!

Decisión en familia

Quiero vivir la libertad del perdón de Cristo en mi vida.

Deseo ofrecerle este perdón a mi familia y a alguien que me hirió. Quiero recibir perdón de Jesús en mi vida. “Nosotros mismos debemos todo a la abundante gracia de Dios.

La gracia en el pacto ordenó nuestra adopción. La gracia en el Salvador efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a ser coherederos con Cristo. Sea revelada esta gracia a otros” (Palabras de vida del gran Maestro, p. 195).

Para pensar

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Suena extraño en la sociedad de hoy hablar sobre el concepto de pecado. El discurso relativista de muchos no encuentra espacio para admitir que todos nosotros tenemos culpas y angustias. Son elementos con los cuales tenemos que tratar, consciente o inconscientemente.

Aunque algunos insistan en vivir como si estos no existiesen, allí están esos dos sentimientos que, muchas veces, pueden venir a la superficie y volverse incontrolables e imposibles de convivir con ellos. En la Biblia, el pecado es presentado como un elemento desestabilizador en la convivencia humana con Dios. En el libro de Génesis, se explica el efecto devastador que propor cionó esa separación del hombre y su Cre ador, pero las consecuencias aún están aquí.

El salmista dice que los seres humanos son naturalmente pecadores y llega a afirmar, en el Salmo 51, versículo 5 que “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. El pecado no es, por lo tanto, un tipo de comportamiento a ser vencido, sino una condición que afecta al ser humano en todas sus relaciones. La buena noticia es que bíblicamente es posible curar las heridas del pecado.

La angustia y la culpa, por ejemplo, no nece sariamente deben hacer nuestra vida inso portable. En el diálogo con el apóstol Pedro, Jesús le enseñó el concepto de perdón. En Mateo capítulo 18, versículo 22, Cristo, al responder a la indagación de Pedro sobre el número de veces que alguien debe perdo nar, afirmó: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”.

Históricamente, Pedro tenía la idea de que el perdón podría ser concedido a alguien hasta siete veces, pero Cristo rompió esa forma limitada de pensar sobre el asunto. El perdón es ilimitado, porque ilimitadas son las veces en que se hace necesario. En el ámbito familiar, se pueden desarrollar dos pensamientos para comprender el asunto.

El primero de ellos es que el perdón viene de Dios, pues él es el primero que perdona al ser humano naturalmente pecador. No es una iniciativa humana, sino divina. Ysolo nos es necesario aceptar ese perdón, porque es ofrecido a cada uno de nosotros en carácter de remisión.

El segundo punto es que, en la familia, debe ocurrir ese mismo proceso. Así como recibimos el perdón divino gratuitamente, debemos perdonarnos unos a otros siempre. Ejercer eso que se nos ha enseñado.

Sin perdón en el hogar, sobran las situaciones de tensión y, consecuentemente, angustias no resueltas y con las cuales insistimos en no lidiar. La familia va, poco a poco, desestructurándose y no logra entender la razón por la que eso se está dando. Y la angustia, el pecado no admitido entre los miembros de la familia que va a corro er las relaciones hasta que no existan más.

Vale para la pareja y vale para los hijos. Sabiamente, el apóstol Santiago sugiere, en su carta en el capítulo 5, versículo 16: “Con fesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”.

De las palabras a la práctica

• Reúna a la familia una vez por semana para hacer el momento de perdón.

En el que unos van a decir a los otros sobre algu na angustia o molestia que poseen.

Después, pidan perdón y cierren con una oración.

• Lea, en familia, el capítulo 19 del libro Parábolas de Jesús, de Elena de White, titulado “Cómo se alcanza el perdón”.

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0 de 8 respondidas
  1. 1

    Pregunta 1 de 8

    ¿Cómo podemos enfrentar las heridas que nos causan? 1 Pedro 4:8.

  2. 2

    Pregunta 2 de 8

    ¿Qué enseña la parábola de Mateo 18:21-34 sobre el perdón?

  3. 3

    Pregunta 3 de 8

    ¿Cómo era la creación antes del pecado? Génesis 1:31.

  4. 4

    Pregunta 4 de 8

    ¿Qué consecuencias produjo el pecado? Génesis 3:16-19.

  5. 5

    Pregunta 5 de 8

    ¿Cuál es el resultado final del pecado? Romanos 6:23.

  6. 6

    Pregunta 6 de 8

    ¿Qué hizo Cristo para restaurarnos? Mateo 26:28.

  7. 7

    Pregunta 7 de 8

    ¿Qué podemos hacer por quienes nos hirieron? Lucas 6:37.

  8. 8

    Pregunta 8 de 8

    ¿Cómo cambia la vida cuando una persona recibe perdón? 2 Corintios 5:17.

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Detente y piensa

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Mi decisión personal

Recibo el perdón de Cristo y decido avanzar hacia el perdón sin justificar el abuso ni renunciar a límites saludables.

Fuente editorial de esta lección

Curso Bienvenido: Hogar y Familia, lección 2, páginas PDF 11-14.

Se presenta el texto completo extraído del material fuente. Se corrigieron únicamente saltos de línea e hifenación producidos por el formato PDF.

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