¿ Se dio cuenta de cómo la Biblia valoriza al matrimonio? No es casualidad que la historia de la humanidad comience con una pareja, instituida por Dios. No es casualidad, tampoco, que el primer milagro de Jesús fue realizado durante una boda.
El propio Cristo compara a su pueblo con una novia, al encuentro de quien él está yendo, para vivir para siempre con ella. Si él hace esa asociación a una raza por la cual dio su propia vida, el matrimonio debe ser, realmente, ¡un compromiso muy serio! No se requiere mucho esfuerzo para notar que existe una crisis global arruinando los matrimonios.
Satanás sabe que, destruyendo la relación de una pareja, logra socavar a toda la familia y, en consecuencia, a toda la sociedad. Por eso, se especializó en artimañas para desgastar las relaciones fi rmes para impedir que se concreten. Tenemos así ejemplos como los vicios, la rutina abrumadora, la infi delidad, la pornografía, la homosexualidad, etc.
Por otro lado, Dios trabaja con todo vigor para mantener la pureza y la paz en los hogares. Él no solo tiene poder para unir a las personas y bendecirlas para que sean felices juntas, sino que también es poderoso para restablecer lo que fue destruido por el mal. Así, para jóvenes que buscan un matrimonio feliz y próspero, así como también para un matrimonio en ruinas que desea tener paz nuevamente, es necesario que se busque la presencia de Dios y que ambos, hombre y mujer, se pongan a disposición de su voluntad y de sus propósitos para el hogar.
“Cristo no vino a este mundo para prohibir el casamiento ni para derribar o destruir la relación e infl uencia que existen en el círculo doméstico. Vino para restaurar, elevar, purifi car y ennoblecer cada corriente de puro afecto, para que la familia de la tierra pudiera convertirse en un símbolo de la familia celestial” (El Cristo triunfante, Elena de White, pág. 232). Elmatrimonioeselprincipiodetodafamilia.
Es claro que, para que esta se desarrolle bien, necesita comenzar bien. Por lo tanto, es desde la unión de la pareja deben imperar los valores que acompañarán a toda la familia desde ese momento. Esa relación debe estar basada en un compromiso de amor, confi anza, comprensión, humildad, respeto, complicidad, perpetuidad y temor a Dios.
De la misma forma como en un casamiento, el bautismo representa un compromiso, una alianza eterna con Dios. Es cuando el hombre, reconociendo su pecado, se lanza a los cuidados del Creador, admitiendo su dependencia de él. Esa alianza también debe estar basada en amor, complicidad, confi anza, respeto y fi delidad.
Y Dios honrará ese compromiso, cuando, cumpliendo su promesa, venga a buscar a los suyos para vivir juntos un “felices para siempre”.
De las palabras a la práctica
• Renueve, constantemente, los votos de amor y fi delidad con su cónyuge.
Dediquen tiempo a solas diariamente, tiempo de calidad para conversar y recrearse.
• Tengan, como pareja, el hábito de orar juntos.
En ese momento los propósitos espirituales se unen y es posible conocer más a fondo sobre la relación del otro con Dios.
• En familia, lean el libro Fundamentos del hogar cristiano, de Elena de White.
Además de muchas lecciones para el buen relacionamiento de la pareja, la obra muestra con claridad los propósitos de Dios para toda la familia.