Familias en su presencia · Día 16
En Cristo, el cambio y el crecimiento son posibles
Parte 2 de 4 · Identidad en Cristo
Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo
(2 Pedro 3:18)

Aún recuerdo que, cuando era niño, esperaba con muchas ansias mis citas médicas porque eran una oportunidad para saber cuánto había crecido. La enfermera me colocaba frente a una cinta métrica pegada a la pared para registrar mi nueva estatura. Era un verdadero sentimiento de logro, uno que, por cierto, desapareció cuando un día dejé de crecer físicamente.
Con frecuencia asociamos el crecimiento con el tamaño, la edad, el conocimiento académico o los logros personales. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que, por encima del crecimiento externo, somos llamados a crecer en Cristo.
En la consejería familiar es común escuchar frases como «Yo soy así y no voy a cambiar». En otras palabras: no esperes ningún intento de crecimiento de mi parte. Algunos lo afirman por orgullo, otros por temor al cambio, y algunos desde una profunda incredulidad de que crecer y mejorar realmente sea posible para ellos.
No obstante, crecer en la gracia significa vivir cada día conscientes de que Jesús ya obtuvo la victoria por nosotros. En la cruz, Cristo triunfó sobre las fuerzas del mal y quebrantó el poder que antes nos mantenía atados. Esa victoria no es solo una verdad teológica; es una realidad que tiene el poder de transformar cualquier carácter, romper malos hábitos y redimir incluso las personalidades más difíciles dentro del hogar.
Por ende, una familia cuya identidad está en Cristo no vive dominada por los errores del pasado ni por miedo al futuro, y mucho menos definida por el
«yo soy así». Vive sostenida por el poder restaurador y transformador de la gracia del Señor.
Una familia con identidad en Cristo entiende que crecer es un proceso continuo. Al permanecer diariamente comprometidos con Jesús, su presencia constante, por medio del Espíritu Santo, nos transforma y nos hace cada vez más similares a Él. En Cristo siempre habrá espacio para crecer, cambiar y llegar a ser todo lo que Dios soñó para nuestra familia.
Profundicemos
Lectura adicional: Filipenses 3:12-14.
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No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
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Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,
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prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Reina-Valera 1960 · © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988
- 1
¿Qué nos revela este pasaje sobre el carácter y la obra de Dios?
- 2
¿Cómo se aplica esto a nuestra familia hoy?
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¿A quién y cómo podemos compartir esta enseñanza durante la semana?
Conversemos
- 1
¿En qué áreas reconozco que debo crecer por el bien de mi familia?
- 2
¿Qué partes de mi «yo» deseo entregar a Cristo para que transforme mi carácter?
- 3
En una frase, ¿cómo crees que Dios visualiza tu familia?
Accionemos
Elijan dos áreas en las que comenzarán a trabajar como parte de su crecimiento como familia esta semana. Llévenlas a Dios en oración, al mismo tiempo que hacen su parte para experimentarlo.
Fuente editorial de esta lección
Familias en su presencia, Identidad en Cristo · Día 16, páginas 47-48. Unión Panameña, mayo de 2026.
Texto íntegro del devocional impreso. Solo se corrigieron los saltos de línea y la hifenación que introduce el PDF. Los pasajes de la lectura adicional provienen de la Reina-Valera 1960.
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