Familias en su presencia · Día 13
La verdadera identidad de la familia
Parte 2 de 4 · Identidad en Cristo
Miren cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios
(1 Juan 3:1)

¿Tienes algún apodo cariñoso para tu cónyuge o tus hijos? En nuestro caso es treasure (tesoro) para Johann y treasurin (tesorito) para Zuky. Estos apodos, más que identificarnos como esposos, expresan el valor que tenemos el uno para el otro. Cada vez que nos llamamos así, recordamos que, pase lo que pase, nos pertenecemos el uno al otro.
La Biblia nos recuerda que el ser humano es identificado con algo mucho más profundo que un apodo: un importante título lleno de gracia, hijos de Dios. Antes de ser esposos, padres o hijos, somos hijos de Dios. Sobre esta importante designación descansa la verdadera identidad de la familia.
Dios amó tanto a la humanidad que, en nuestro momento de mayor oscuridad a causa del pecado, decidió hacernos parte de su familia. Él pudo haberse limitado a sentir compasión por nuestra condición o incluso ofrecernos salvación sin ningún tipo de relación. Sin embargo, fue mucho más allá; nos llamó sus hijos. A quienes estábamos perdidos, el Padre afirmó: «ustedes me serán hijos e hijas» (2 Corintios 6:18). Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hebreos 2:11), y «El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16).
Al llamarnos sus hijos, Dios nos envuelve con una declaración de amor incondicional: pase lo que pase, me pertenecen; no me avergüenzo de uste- des. Esta identidad no es solo un privilegio espiritual, es una realidad que transforma la vida familiar.
Cuando un hogar vive desde esta identidad, eso se reflejará en la dinámica familiar. El amor dejará de ser condicionado al desempeño del cónyuge, y la disciplina de los hijos no nacerá de la ira, sino del amor y la gracia. Comprender que todos somos hijos de un mismo Padre celestial nos exhorta a tratarnos con paciencia y misericordia.
Al recordar quiénes somos y a quién pertenecemos, el hogar se convierte en un reflejo del corazón del Padre.
Profundicemos
Lectura adicional: Colosenses 3:16-21.
- 16
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
- 17
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
- 18
Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.
- 19
Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
- 20
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.
- 21
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
Reina-Valera 1960 · © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988
- 1
¿Qué nos revela este pasaje sobre el carácter y la obra de Dios?
- 2
¿Cómo se aplica esto a nuestra familia hoy?
- 3
¿A quién y cómo podemos compartir esta enseñanza durante la semana?
Conversemos
- 1
¿Qué refleja la forma en que nos tratamos los unos con los otros?
- 2
¿En qué momentos se nos dificulta ser tolerantes y pacientes?
- 3
¿Qué influencia puede tener en nuestra familia que tengamos presente que somos hijos de Dios?
Accionemos
Propónganse esta semana hablar sin quejas y críticas, usando solo palabras de afirmación en su interacción diaria.
Fuente editorial de esta lección
Familias en su presencia, Identidad en Cristo · Día 13, páginas 41-42. Unión Panameña, mayo de 2026.
Texto íntegro del devocional impreso. Solo se corrigieron los saltos de línea y la hifenación que introduce el PDF. Los pasajes de la lectura adicional provienen de la Reina-Valera 1960.
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